Aerogeneradores: Los Molinos de Don Quijote en Tenerife

Cuando Don Quijote levantó su lanza contra los molinos de viento, creía enfrentarse a gigantes. Pero si viviera hoy, en lugar de atacarlos, los admiraría, porque en Tenerife esos “gigantes” blancos que giran al compás del viento ya no son enemigos imaginarios, sino aliados reales

Hoy, los molinos eólicos aprovechan la fuerza de los vientos alisios para generar energía limpia y sostener la vida en la isla y hay algo profundamente poético en verlos girar contra el cielo azul, con el Teide al fondo y el Atlántico brillando. Es como si la naturaleza y la tecnología hubiesen hecho las paces, pues estos molinos no destruyen, sino que transforman, no solo el aire en electricidad, sino también nuestra forma de mirar el futuro.

Durante gran parte del siglo XX, la electricidad en Tenerife dependía casi exclusivamente del petróleo importado y cada kilovatio-hora era igual a barcos cargados de combustible que cruzaban el Atlántico. Sin embargo, en los años 90, la conciencia ambiental y la necesidad de independencia energética comenzaron a soplar con fuerza y se comenzaron a instalar los primeros aerogeneradores experimentales en zonas de viento constante como Arico y Granadilla.

Hoy, más de veinte años después, el sueño es una realidad palpable y Tenerife cuenta con más de 220 megavatios de potencia eólica instalada, distribuidos en más de 30 parques. Algo que no solo genera energía, sino también generan.

Por qué apostamos por la energía eólica

Las razones para abrazar el viento son muchas, pero en Canarias hay tres fundamentales:

  1. Tenemos viento para rato, pues los alisios soplan casi todo el año con una regularidad que ya quisieran muchos lugares del mundo,
  2. Se reduce la dependencia de un petróleo que no tenemos
  3. Es energía limpia y barata, pues una vez instalado el molino, no hay que pagar por el viento, ni produce emisiones o residuos contaminantes. (quizás la más importante, )

Pero hay algo más…. Estos molinos que giran impulsados por el viento  forman parte ya del alma económica de Tenerife y desde las comarcas del sur, hasta las costas del noreste, el aire que sopla del Atlántico no solo refresca, sino que también impulsa el desarrollo y la economía.

Los aerogeneradores son máquinas de alta una ingeniería. Los más comunes en Tenerife son los de eje horizontal, esos con tres aspas largas y ligeras que giran de cara al viento a lo largo de la TF-1.

Estos colosos de entre 80 y 120 metros de altura convierten la fuerza del viento en movimiento, y ese movimiento, gracias a un generador interno, se transforma en electricidad que se envía a la red insular, contribuyendo directamente al consumo de la población.

Al día de hoy, en Tenerife alrededor del 20% de la electricidad que se consume proviene de la energía eólica pues la capacidad instalada supera los 227 MW, generando aproximadamente 350 gigavatios hora (GWh) al año. En otras palabras: el viento que sopla sobre los parques eólicos de Arico, Güímar, Granadilla o Candelaria mantiene encendidas las luces de unos 100.000 hogares.

Y esto es solo el comienzo, pues hay nuevos proyectos en marcha —incluidos los parques eólicos marinos (offshore) previstos frente a la costa sur— que permitirán aumentar aún más esa proporción en los próximos años para que al menos la mitad de la energía de la isla provenga de fuentes renovables antes de 2030.

Quien viaja desde o hacia el sur difícilmente puede ignorarlos. Los parques eólicos más importantes de Tenerife se concentran en los municipios de Arico, Granadilla de Abona, San Miguel, Güímar y Candelaria por una razón muy simple, pues esas zonas disfrutan de una combinación perfecta de vientos alisios constantes y fuertes, amplios terrenos disponibles, una baja densidad de población, y relativa cercanía a subestaciones eléctricas o infraestructuras energéticas.

Más allá de su función energética, los parques eólicos se han convertido en parte del paisaje isleño y su estética, de líneas limpias y blancas, se integra sorprendentemente bien en los paisajes áridos y volcánicos de la isla, resultando llamativos para quienes nos visitan. Tan es así que algunos municipios están explorando una especie de turismo científico con visitas guiadas a parques eólicos, como una forma de mostrar que el progreso y el turismo pueden convivir.

El viento no se ve, pero se siente y cada nuevo parque eólico es un paso más que nos acerca  al sueño de vivir con más autonomía y menos emisiones, en una isla cada vez más verde, pues  estos nuevos gigantes blancos, a diferencia de los molinos del Hidalgo, no son enemigos, sino todo lo contrario, son amigos que transforman la brisa en energía, el movimiento en luz, y el viento en futuro.

Y aquí en tu Blog Historias de Tenerife lo tenemos claro…… Mientras el viento corre, la modernidad avanza.

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