En el Puerto de la Cruz, el arte no se encierra entre paredes y tanto el paseo marítimo de San Telmo, como el distrito Martiánez, se han convertido en escenario donde la creatividad se despliega ante las miradas curiosas de quienes pasean al aire libre por sus playas y terrazas.
Sin embargo, este fenómeno de los artistas que utilizan las calles para darnos su arte no es nuevo. En época tan lejana como el medioevo, los juglares recorrían caminos y aldeas llevando canciones, cuentos y sátiras que hablaban de reyes, batallas y amores imposibles.
Ya en el siglo XIX, los músicos y retratistas ambulantes eran una estampa habitual en mercados, ferias y plazas de las ciudades europeas, conservando su esencia de comunicación directa entre el artista y el público hasta nuestros días.
Con el paso de los años, este movimiento se extendería por todo el mundo y acabaría encontrando su lugar en parajes tan aparentemente lejanos como Tenerife, y más concretamente, en un rincón del norte donde la tradición, el turismo y la libertad creativa se dieron la mano: el Puerto de la Cruz.
Desde mediados del siglo XX, esta ciudad se convirtió en el primer gran destino turístico de Canarias y mucho antes de que su desarrollo transformara el sur de la isla, el Puerto ya acogía visitantes europeos atraídos por su clima, su paisaje y su ambiente cosmopolita.
La mezcla de la tradición local con la cultura de otros lugares creó el ambiente propicio para la existencia del arte callejero, por lo que músicos y pintores comenzaron a ocupar las escalinatas y el paseo de playa San Telmo y de Martiánez regalando su creatividad en un entorno único.
Algunos artistas llevan décadas actuando en los mismos lugares, mientras otros vienen por temporadas, y lo que comenzó como una expresión espontánea y bohemia, se ha convertido en un rasgo cultural propio del municipio.
Quizás la espontaneidad sea el rasgo más hermoso del arte urbano o callejero y en San Telmo y Martiánez, esos momentos tienen sabor a mar en una ciudad que aprendió a convivir con estos artistas como parte de su paisaje.
El Puerto de la Cruz, pionero del turismo canario, es hoy un exponente claro del arte callejero. En sus calles el arte no se vende, se vive con cada acorde, cada trazo, cada gesto, tejiendo la historia de una tierra que, al borde del Atlántico, sigue respirando creatividad.
Si algún día caminas por San Telmo o por Martiánez, detente un momento, abre tus sentidos y seguramente oirás el eco de un juglar antiguo que, disfrazado de músico moderno, te dice que en Puerto de la Cruz la historia se canta al aire libre.

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